Normalmente, su madre lo ayuda en la cocina. Cuando la posada está completa (tiene cinco habitaciones), Jarvik pide ayuda a los vecinos que usualmente se involucran en el cuidado y promoción de la zona. La mayoría son jóvenes tentados de irse a Lima o Chachapoyas para buscar un trabajo mejor remunerado. Jarvik les explica e insiste. “Todo esto es nuestro, hagamos que el mundo lo conozca”. Con todos ellos ha formado la asociación Yacu Urco, que además del paseo a la catarata, organiza caminatas para ver gallitos de las rocas, osos de anteojos, armadillos peludos, tucanes, pumas, venados y colibríes cola de espátula.

“Antes todo esto era bosque de ishpingo y cedro. No había ni carretera, pero las carpinterías de Chachapoyas empezaron a demandar nuestros árboles y aquí todos talaban sin medir las consecuencias. Cada quince días se llevan alisos en abundancia. Les decimos que no lo hagan, pero nos dicen que necesitan el dinero para comer”, dice Jarvik mientras camina por los antiguos campos de cedro. “El bosque tiene capacidad para regenerarse, pero para ver un cedro como los que teníamos antes tendremos que esperar al menos 15 años”.

De padres campesinos, Jarvik  cursó la secundaria en Chachapoyas. Primero se fue a vivir con su abuela y a los 15 años alquiló una habitación. Quería ser Ingeniero Agrónomo pero esa carrera no existía en la universidad de Chachapoyas. Estudió Agroindustria y trabajó en el Gobierno Regional. Le gustaba, se sentía útil, pero le faltaba libertad. Para defender los bosques de Cuispes había que hacer guardia y estar en permanente estado de alerta frente a los taladores y no en una oficina.

Jarvik ultima los detalles de la nueva temporada de barranquismo, piensa que atraerá a más gente y que, en pocos años, se convertirá en un imán para el turismo. En la región, además de Yumbilla, están las cataratas de Gocta, Chinata y Pabellón. También los sarcófagos de Karajía (siete sarcófagos de 2,5 metros pertenecientes a la cultura Chachapoyas), la fortaleza de Kuélap o los mausoleos de Revash.

¿Y los duendes, las sirenas y serpientes? Hace un par de años, una turista dejó sus lentes de sol en la cueva San Francisco. La profundidad de esta cueva, de donde nace la catarata, es desconocida. Solo han logrado ingresar 250 metros, pero no cuentan con los medios necesarios para llegar al origen. Jarvik se ofreció a desandar el camino y recuperar los lentes. Caminó solo por el estrecho sendero entre piedras y matorrales. A la izquierda sentía el ruido del agua que caía, y a la derecha, un zumbido, una presencia efervescente que lo obligó a apretar el paso, a no mirar atrás y concentrarse en el siguiente árbol, la siguiente curva.

Su madre tenía razón. El ungüento de oso, finalmente, había funcionado.

 

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